Traes contigo el sueño
la obra de Dalí en tus ojos.
Análogo tu vientre resbaloso y binario.
Hay bosques de bits quemándose unidos
somos la sombra del edificio sabio en medio del desierto.
El atardecer en el mar, me parece un intento de tu mejilla
las montañas nevadas, una aproximación tímida a tus pechos nórdicos
me rompes los veleros púrpuras de la carne
me arrancas la poesía de las entrañas
me sobras el agua y la lluvia
me cantas la vertiente infinita de la red colgada al monumento,
y ya nada me rima con tu ausencia
porque no hay comparación a tu violencia húmeda.
Mis manos torcidas se escapan las orquestas mudas,
los autos blancos desean atropellarme las palabras,
vestidos largos me insinúan tu demostración marcial,
soy lo que no nombras,
la tierra de las aves que no vuelan,
me sobra el viento y el fuego,
siento que la naturaleza de este mundo
ya no es referente, y nunca lo fue,
nuestro marco, hecho de oro y noche
se pudre hermoso frente a un moho extraterrestre altruista,
estamos
llenos de sangre palpitante en la quebrada
llenos de lágrimas que aun no han venido
llenos de tanta muerte azucarada
y descansarme en el puente creo
alzar mis brazos hacia las estrellas veo
doblar las piernas como el metal de elefante siento
saltar como el terremoto a la tormenta vuelo
y estrellarme como un beso en tus labios quiero.
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