Muerte.

No saber como empezar, era un claro síntoma de un límite mental,
quizás manifestado por esa parte que cree en un supuesto silencio e introspección inservibles, esa parte que quiere morir, esa parte que piensa en la muerte.

El cuerpo comenzaba a sentirse amenazado por la falta de mierda psíquica que alimentase la parte fatalista,  y la dama exquisita,  ebria en Amarula,  vestía seda oscura.

El poder ver la muerte en cada acto simple,
el imaginar ese momento último en donde el caer era la única opción posible, que quizás el grito o el sonido de los huesos quebrándose sería la última melodía, en donde la cabeza se le destrozaba contra el pavimento y junto a los sesos... todos nosotros éramos esparcidos por un lugar frío envidiado por postes opacos.

Ese último momento en donde el aire se respiró por última vez,  momentos en donde la parte fatalista padece de mutilación y cuantifica todos los actos hermosos de un ser vivo para poder medir el propio final aún no conocido.

Había un niño que tenía afasia, ya con 4 años, aun no podía hablar,
porque la realidad le parecía maravillosa, no habían palabras para describirla…
Murió en silencio mientras todos le extrañábamos sin conocerlo. Padecemos de eternidad crónica, no hay sutiliza en nuestros movimientos, apreciar la propia muerte, ser consciente de estar vivo y la vez tan cerca de un final seguro, parece dar una cierta llave para explorar dentro de uno mismo.

Cuando chocan los bichos en el parabrisas del auto, cuando los perros o gatos abandonados son triturados por las ruedas de los camiones una y otra vez, cuando los frutos se pudren en los árboles junto a hojas cargadas de clorofila podrida. Cuando anochece y piensas que mañana va amanecer de nuevo.

Parece humor divino, pero eso sí del bueno. El habernos juntado en este ínfimo punto de este universo, para  saber que vamos a morir...
Para ascender o descender me tiene sin cuidado.

No me interesa la iluminación sino hay pasión al conseguirla,
tiene que ver claramente con mi bajo nivel de conciencia según los semidioses.
No creo que haya que purificar algo ya puro en esencia con dogmas creados apenas en un centenar o millar de años,  solo bastar echar una revisada a todas esas leyes espirituales, modernas, antiguas, para darse cuenta que es la misma mierda pero cagada de diferente forma.


Cada uno es dueño de crear sus propias muertes, cada uno es libre como el aire que nos oxidará algún día en nuestra tumba putrefacta, de pensar en los posibles finales de la carne y mandar a la mierda el sedante positivismo ignorante,  que padecemos en estos tiempos de estupidez generalizada y  globalizada.

Soy un ser humano según algunos, amo y también odio según otros,
vivo y también muero día a día. ¿La existencia? me parece algo indescriptible.
Me apestan los siglos en donde me rió todos los días,
igualmente los milenios en donde sufro todas las horas.

Pensar en la muerte quizás, no es más que otro aspecto de estar feliz,
esto está bien, esto está mal. En definitiva, temazcales  de Ron si es posible.
Hay cierta curiosidad por lo que no existe, especialmente por la muerte
 y la sangre, que no pueden ser más tiernas las dos juntas.


Caso cerrado.

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