Juguemos a ser invisibles, porque si vamos a desaparecer que sea como jugar en las hojas o a las escondidas, por lo que yo voy primero y me resbalo despacio de mi palabra a la tuya. Voy jugando al espacio en una nave espacial submarina, en el interludio de lluvia me voy acomodando y la paz llega de tu tormenta como antídoto a mi verano impuesto porque nunca hay frío. Reímos de hambre, ya nada nos encuentra, ya somos casi-invisibles y nos miramos sin silencio, des-aparecemos entre medio de los gestos, por entre medio del dolor y la expectativa. Tu palabra es azul, la mía púrpura, eres juguetona y de fuego, y no me quemo, y tu menos, porque jugamos lento a ser fuego que no quema, sin heridas, solo risa, juguetones e invisibles.

Nacen pequeños planetas en la ausencia, se caen algunas nubes al cielo, y jugamos a desaparecer, a quien es más invisible, yo ya no soy. Nos vamos de paseo, tu ya no eres, y nuestras miradas se encuentran para vernos, pero no nos vemos, y nuestros labios se reconocen, pero desaparecemos jugando a las escondidas, pero perdemos porque siempre sabemos donde estamos para perdernos. Jugando con nuestros juguetes favoritos, nos pillamos sin tocarnos en un baile sincopado, es como si la salsa tuviese techno y el péndulo, semáforo de la ausencia; nos regala la distancia precisa como la del sol y los ojos para no perdernos sin saber donde estamos, invisibles, solo para el resto.

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