Mar japonés.
Desde adentro,
en algún lugar del mar japonés,
las olas gigantes del siglo XXI
mueven la espalda del prisionero contra la pared.
Frente el vertigo de fundirse en vida con los movimientos violentos
deja que la sal queme sus labios
que un vomito se escape de las muñecas débiles
que un respiro quebrado...
alivie el dolor frío tembloroso de la carne.
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Se cubre la mano,
sostienes los nunca,
se lanzan entre medio de cuadras mudas,
ceguera de granito en medio de árboles,
alfileres en ballenas inmensas que se desgarran
y se desparraman en estatuas vertiginosas
cuidadosas de no brillar bajo el microscopio...
Sin duda los fluidos flotan sobre el musgo negro
a nadie le importan las muecas dolorosas del estúpido que mira,
a nadie le importa la carne retorciéndose por volver a la tierra,
un callejón de manos amputadas en ofrenda a tus delirios
...al fin podrás ser acariciado por la muerte falsa y repugnante.
Mientras en el libro de las verdades,
pelos hijos de lo obscuro,
se mueven gruesos dentro en la nariz cancerígena
...son vecinos de lombrices radioactivas que cubren la articulación,
y el maldito sol ilumina lo que esconde
y la sobrevalorada noche se queja...
de lo que ya no ve,
de lo que ya no intuye,
de la magia que perdió.
La luna,
un trozo de ilusión para esta carne nauseabunda y enferma
Las estrellas,
adornos efímeros que son robados por amantes de todas las épocas,
un terremoto en la parte más endeble de la conciencia,
que se vaya todo a la mierda,
la sangre se pudre...
y ya no tiene respuestas,
no hay nada nuevo,
que el aceite inunde las entrañas inflándolas de sacrificio...
para poder caer con querer y destrozarme inconsciente el cráneo,
así la eternidad no se repetirá una y otra vez...
...sobre mí
y sobre todos los ingenuos que se mienten tan bien,
...que me inundan con su deseo de ser esclavo feliz,
todos ofreciendo amor como veneno,
como aguijón de doble filo,
como moneda con triple peligro,
sin fe,
en la eterna mentira egoísta.
Estúpidos temblando de frío y placer,
esperando el arma nuclear que borre las huellas de la piel,
Por mientras, y antes de morir escribamos en la pared de cemento;
Ya estuvimos acá... la vida
nunca nos supo tan bien,
como antes de morir.
como hasta este momento,
nimio de deseos.
Sigamos garabateando con saliva y lengua
para que se borre, ya que el sol no esconde nada,
y para que los eclipses no entiendan,
que a nadie se le borre el éxito después de leer tal miseria,
que nadie se contagie de esta rabia ancestral de querer cambiarlo todo,
de dar vueltas las entrañas con la mano y un par de palabras,
como un cataclismo entre fuego y huesos rotos en la cara,
En mi reinado mandaré a destruir y renovar todos los momentos
en los que reímos, amamos y lloramos.
Vomitaré con placer delirante toda la saliva negra y obscura, llena de falsedad maricona,
llena de dientes y pelos pudriéndose, que entregaste envueltos en papel de regalo,
entre frutas partidas sobre el mar líquido de diamante,
me rio solo y herido de muerte.
A nada ni nadie pertenezco, pero sé a donde voy, me tengo,
y eso es más que suficiente, en ningún lugar.
En el mar japonés.
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