Se desespera la existencia dentro de la piel
Se desesperan los ojos por no ver su propia alma
Se desespera la razón entre tanta falsedad programada
Se desesperan los recuerdos queriendo crear sus propios universos
Se desesperan los besos suicidándose en otras lenguas
Se desesperan las caricias creando religiones onanistas
Se desespera el oído por no poder apagarse a voluntad
Se desesperan los poros abriéndose hasta la sangre
Se desespera la mejilla buscando entre medio de los pliegues
Se desesperan los pies siendo esclavos de piernas tiranas
Se desespera el ombligo por el amor de los dedos
Se desespera el cuello por ser un sentimiento tibio
Se desespera el estomago por la inmortalidad prohibida
Se desespera el sudor arrojándose al viento fuerte
Se desespera la fama buscando amor dentro de los maniquíes
Se desesperan las uñas por estar tan lejos del ano crónico
Se desespera la meditación entre tantos semi-dioses
Se desesperan las neuronas ante el porno-dopamínico
Se desesperan los políticos entre medio de tanta verdad
Se desesperan las costillas por ser quebradas con la seda oscura
Se desesperan las pestañas por conocer el culo de las rodillas
Se desesperan los sentimientos expulsados en orgasmo polar
Se desespera el tiempo con una torta de cueritos
Se desespera la rabia con el silencio del coxis
Se desespera el rechazo en las sonrisas infantiles
Se desespera la música occidental sin las hojas esquizofrénicas
Se desespera el inconsciente entre tanto gurú de materias muertas
Se desespera la imaginación con las heces simétricas
Se desespera la poesía con las muertes cobardes
Se desespera el amor en los espacios vacíos
Se desesperan los libros cuando los acarician sonrisas inesperadas
Se desespera la nuca por no tener ojos ciegos
Se desespera el dolor dentro de su envase nuevo
Se desesperan las lágrimas por llegar a la boca
Se desesperan los dedos por el celoso ombligo
Se desesperan las axilas por una lengua india amorosa
Se desesperan los románticos en su afán de amarse a sí mismos
Desesperada estaba Marta Sánchez.
Se desesperan...
Se desespera....
No me desespero.
Prefiero pensar... que al abismo que me estoy lanzando,
solo le gusta el coraje, de los cuerpos suicidas que circundan su limbo.
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1 comentario:
Lo comparto en una parte, en otra me pierdo. No sé en realidad cuál es la cercanía que le tengo.
Lanzarse o no, seguir dudando. de cualquier manera, a qué nos lanzamos? Cierro los ojos en posición de meditación, y al abrirlos estoy frente a la pantalla intentando descifrar que es lo que pasa para decírtelo. No hay nada. Un silencio en la garganta,los dedos que se mueven bailando sin saber qué bailan, la boca del estómago que salta para intentar decir algo, pero no. En realidad lo dijiste todo ya.
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