Samsara Western. Apto para toda la familia.



Desciendo como un Dios desde los cielos a un planeta entero color amarillo, ya es el crepúsculo, y noto que el amarillo se lo da el pasto seco perfectamente cortado. El lugar a donde me dirijo son colinas quebradas que se besan  con el océano.

En lo alto de cada una de estas,  hay budas gigantescos de metal en posición meditativa y de color bronce mirando el atardecer. Caigo lento en la cabeza de uno de estos budas el cual inmediatamente se transforma en un gorila musculoso  el cual comienza a moverse despacio, por aquel movimiento caigo a la orilla del mar. Noto que toda la playa a mi izquierda esta infestada de gorilas semiinconscientes, ninguno se podía mover o se movían poco, al lado derecho está el mar con aguas quietísimas.

Elijo explorar el lado izquierdo  y comienzo a acariciar a aquellos moribundos gorilas, tanta meditación vacía los tiene así – pensaba - tan peludamente humanos. Decido ir a buscar leche del océano para darles de beber  y recuperarlos de su estado catatónico. Cuando voy caminando hacia la orilla aparece una sirena jorobada desde el interior de la arena.
Su pelo era rojizo y su sonrisa evocaba la sensación de una granada madura abierta lista para ser devorada, su abdomen tenía pecas y era esbelto con agallas por los costados. Sus manos tenían cuatro dedos y sus axilas tenían una especie de membrana verdusca. Sus ojos invasivos de 4 colores miraban los míos, sus pómulos eran parecidos a los de una mujer pintada para una fiesta de gala.
 Su joroba la hacía ser más deseable…
De uno de sus grandes pechos me dio de beber leche tibia y dulce, su consistencia era la del látex
y chorreaba por todo mi cuerpo, me llenaba de pelos, y a medida que tomaba el líquido sentía unas inmensas ganas de follarla, iba ganando peso , musculatura,  me convertía también en uno de ellos.
Del inmenso mar quieto y de las profundidades aparece un escorpión negro metálico del tamaño de un camión grande de la Copec, sus pinzas cortaban algo imaginario en el aire y cada vez que se cerraban el sonido era de un choque de autos a toda velocidad con familias enteras adentro. Cada vez que sonaba ese sonido tenebroso, las supuestas familias que eran destrozadas por el choque de metales gritaban la palabra “materia”. Con mucha velocidad el arácnido tomo a la mujer con sus pinzas y la penetró con su aguijón una y otra vez. Yo perplejo ante la escena retrocedía hacía donde estaban los moribundos gorilas. La Sirena jorobada secretaba leche por todos lados, tanto que el océano se tornó blanco lo que llamo la atención de los gigantescos budas.

Un ruido metálico hizo despertar a todos los gorilas los cuales como pulguitas de mar se metieron dentro de la arena dejando la mano derecha afuera de esta, por ahí respiraban. Uno de los budas hablo un idioma extraño con voz de trombón con mucha reverberación,  de mis entrañas empezó un movimiento el cual comenzó con asco para después terminar en dolor profundo y agudísimo. Mi condición animal no cesaba y cada vez sentía más y más el pene erecto el cual crecía hasta llegar al mar. Mi estómago explotó y de el salieron castores, elefantes, velociraptors, arañas, águilas y narvales todos caían al mar de leche. El gigantesco buda con voz de trombón tenía puesto un traje  de baño y sonreía. Yo sonreí con el.

El gigantesco ser místico se lanzó al océano y me arranco el inmenso pene que me había crecido lo cual me devolvió la humanidad, pero no me podía parar, solo podía ver, estaba atontado y desnudo sobre la arena, pero contemplaba como el inmenso buda usando el antiguo pene de gorila como pajita, succionaba la leche y los animales hacia su boca, los cuales después masticaba feliz, mientras hacía esto, oficiaba una boda entre la sirena jorobada y el escorpión metálico que ahora estaba dorado.

Las manos derechas de los gorilas enterradas en la arena me lanzaban arena y comenzaban lento a sepultarme, se apodero el miedo pero no podía moverme.
Cuando ya casi me habían tapado, algo me atrajo hacia el interior de esta.
Caí en un lugar completamente diferente. Era gigantesco, lleno de construcciones lúgubres en forma de rascacielos y abierto, miraba hacia arriba y los brazos de los gorilas seguían allí pero estaban arrancados de su cuerpo original, osea solo colgaban brazos derechos de gorilas en ese mundo, en todo el cielo.
Yo no estaba ahí por casualidad y todos lo sabían, me miraban con miedo e incluso con desprecio, murmuraban,  algunos me regalaban cigarrillos, dulces y televisores.
Sentí asco y ganas de vomitar,  lo cual hice,  llenando el suelo asfaltado de los  gorilas mancos con diamantes purpura; una mano gigante de metal atravesó rompiendo el cielo de brazos derechos de gorila y me agarro elevándome de vuelta por los aires, mientras me alejaba de aquel mundo veía como todos los gorilas se peleaban por los diamantes los cuales eran puestos por ellos mismos  en la parte de su miembro fantasma.

 Me encontré de nuevo en las colinas quebradas pero en la mano tibia de metal de un inmenso buda  de unos  160 metros con una camisa floreada de Hawái.
Me miro a los ojos y con voz de trombón susurro “Moksha” y luego miró hacia el cielo dejándome caer, sentí que me desvanecí, sentí la infinidad de lo etéreo, caía directo a la arena y no había nada que pudiese evitar mi total muerte reventado, pero al momento de estrellarme  la atravesé  y volví a estar en los cielos pero ya no descendía ni bajaba.

El buda seguía mirándome.

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