Ni ayer ni después.







Donde no hay marcas en la pared;
Ahí es donde debes sentarte.

El vino había nublado su mente ese día, a pesar de que había tomado 3 ml.
Los árboles y el decorado del departamento se tornaron ámbar/rojo. La esperanza se veía vomitada de tanto odio santo que fluía de su pecho.
No había ninguna mujer u hombre que gritara “Hazme el amor” o algún abuelo metastasioso que necesitase ser llevado al hospital más cercano. Solo quedaba una sartén y la cebolla cociendose. El bulbo inundaba con ese ambiguo y  característico olor el reducido espacio americano. 
A lo lejos se escuchaba la carretera, más bien nunca se escucha la carretera, sino que las ruedas débiles de autos desgastándose y deslizándose sobre el nicotinoso concreto.
El sonido del hervidor al momento de prepararse un café tostado era encantador, ni comparado con el que sonaba cuando llamaba el conserje. Una especie de sonido fusión entre una jirafa muriendo ahogada y godzilla en la ducha.


El conserje; ese ser que llamaba todo los días. Nunca paraba de fluir la cocaína y las golosinas gracias a él. A veces me despertaba de mis profundos sueños a las 5 de la tarde con unas líneas de la mejor calidad acompañadas de gomitas azucaradas y un par de caricias. El fue casi un padre para mí.
Las cebollas deben ser de origen divino - pensé - en vez de escribir cartas de amor en mi juventud debí haber regalado cebollas..." Cebollas caramelizadas con centro de chocolate"; buen negocio, su Pyme, su lo que sea,  pero quizás se metan las señoras que hacen empanadas de pino a cagarme el intento de emprender… así como lo hacen las petroleras con las energías renovables. ¿El problema? Que las señoras que hacen empanadas no son asesinables, aun no.
Muchas veces se me cruzó por la mente la idea de que la carne representa todo ese lado del ser humano destruido por lo superfluo. Aún así la como,  y sí me importa lo que digan los veganos. Si alguno de ellos me apunta con su dedo y me habla de todo lo infructuoso de la carne, solo tengo que cambiar mi conteiner de snobismo por si esta muy lleno y poner otro en su lugar. Lo mismo me pasa con los artistas y el folk en general. Y ya que todo el puto mundo se cree artista, podría dejarse ver a modo muy pornográfico por arriba de mis pensamientos, un dulce y palpitante misantropismo.
Pero aquí estoy; cocinando y con 3ml de Vino en la sangre, no sé si lo vaya a lograr. La olla de la pasta deja de ser olla y se transforma en un dulce calamar, el cual chorrea miel y abejas.  Suena el citófono de conserje, bella melodía,  infiero que la cocaína, los dulces y las caricias vienen en seguida.
En el lugar del conserje aparece un hombre con ropa random y sin el tercer ojo abierto, incluso hasta los dos ojos cerrados. Tenía un bastón y una maleta de cuero sucia. Sus cejas que eran solo de una pieza, eran muy prominentes y contrastaban con el blanco de su cara llena de granos muy bellos. Su boca generaba una sensación de beso inconcluso y su torso gritaba por ser descubierto por unas manos femeninas, obviamente no las mías.  Me dijo que venía a reparar mi vetusta cocina gratis. Le comenté que mi cocina no tenía ningún problema y que se había equivocado de departamento, de edificio o quizás de país etc. Yo para no generar incomodidad ni dar lugar a mi protervia una vez más,  le he invitado a almorzar corbatitas con carne y cebolla caramelizada.
Le presté un terno, yo me puse otro igual. Antes de comenzar y como era de costumbre el invitado defecó en mi baño.
Llamamos por móvil  a nuestras parejas respectivas durante el almuerzo.
Hablamos de muchas cosas. El me hablo de su quehacer diario como ciego de los tres ojos; Que al final es lo único que se puede hablar con esta gente. Y estuvimos alrededor de dos semanas hablando de nuestros gustos y vida. Yo por mi parte el comenté mi odio hacia el arte, los veganos y el  folk y mi exquisito gusto por el folk, las veganas en ropa interior y el arte. Las mujeres  después de todo ese tiempo llegaron justo a la sobremesa (Papayas melifluas con crema), venían encadenadas como debía ser . 


Comieron con nosotros en silencio de circo.
Prendí mi reproductor mp7 y deje corriendo un raga de Ravi Shankar. Solo movíamos nuestras cabezas y dedos índice. La mujer del aparecido gásfiter tenía 3 senos, eran la moda. El tercer seno en la espalda.
La cosa se puso Hot y terminamos todos lamiendo una botella de vino Malbec sin abrir que estaba estacionada en la mesa de centro. Nos despedimos después del orgasmo grupal y quedamos de juntarnos e irnos a comer pastel de sandía al muelle barón el 27 de septiembre del 2043.
Inmediatamente después de haber cortado las cadenas a las mujeres y  haberle cerrado la puerta y despedido a mi nuevo mejor amigo, me puse a lavar los trastos sucios del almuerzo. Comenzaba a anochecer y el frío calaba mis huesos. Tieso y débil me introduje a la cama en la cual mi mujer, ya sin cadenas,  estaba con su vagina palpitando de emoción. No me dí ni cuenta y  mis vesículas seminales, en lo que demoraba un tren en matar el aire a su alrededor, estaban sin saldo, los cogujones empapados. 

Sin poder conciliar el sueño bajé de la cama casi invisiblemente.
Sigiloso y en el suelo me acerqué a la pared y me senté en la única parte donde no habían marcas  en esta. Pensé, sentía que debía reformular mis actos y pensamientos,  reformulé, destruí, me hice unos huevos con longa durante el proceso, y construí nuevas estructuras hasta que salió el Sol y sus políticas nubes otoñales.  

Indubitablemente; 
Durante el crepúsculo;  la cocina vieja, el departamento y los 6ml de vino restantes fueron irremediablemente deshechados.

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